Júpiter y sus columpios

los viajes de helena

Capítulo 2. Júpiter y sus columpios.

http://www.flickr.com/photos/nasamarshall/

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Los lunes, Helena conseguía viajar en sus sueños hasta ni más ni menos que Júpiter, esa bola gaseosa que intenta competir con el Sol. Como sabéis, Júpiter es muchísimo más grande que la tierra, y aquí creemos que nadie puede habitar en un planeta compuesto por hidrógeno y helio sobre todo y con una superficie un tanto especial. Pero no es así. Nuestra pequeña protagonista ha tenido la suerte de conocerlos, y son unos seres muy amables. Su planeta, lleno de color, es como un gran parque de columpios. Por todas partes hay toboganes y sube y bajas. Los columpios te hacían llegar tan alto que puedes almorzar pequeños trozos de nube.

Helena siempre llega allí a la misma hora. A las 12:00, medio día. Y es que aunque en la Tierra sea de día, ya sabéis que en los otros planetas no es igual. A esa hora los habitantes de Júpiter, también conocidos como “Jupiterianos”, pues su nombre venía del rey romano, Júpiter, dejaban todo lo que estuvieran haciendo para estar con su amiga.

http://aru-metalhead.deviantart.com/art/Viking-Challenge-197676630

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Los Jupiterianos eran muy altos y pelirrojos. Sus barbas llegaban hasta el suelo, y con ellas mantenían limpias las calles. Todos trabajaban como barrenderos, en su planeta y los cercanos, Marte y Saturno. Por el contrario las mujeres de Júpiter eran menuditas y de piel clara. Sus dos grandes ojos redondos llenaban su regordeta cara. Siempre vestían con ropas antiguas y desgastadas. Parecían sacadas de otra época. Era gracioso ver el contraste entre hombres y mujeres. ¿Y los niños preguntáis? Es algo curioso, pero en este planeta, los niños nacían de grandes capullos colgados de gigantescos árboles, como si de mariposas se trataran.

http://www.flickr.com/photos/landahlauts/

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Todos los lunes a mediodía, había fiesta en Júpiter pues venía su amiga terrestre, Helena. En un principio no era así, pero semana tras semana Helena seguía apareciendo y no pudieron más que declarar momento de fiesta en Júpiter.  Si pasábamos en una nave espacial cerca del planeta, podías ver como fuegos artificiales de todos los colores invaden la galaxia, y entre fuego y fuego se escuchan risas y gritos de cómo Helena disfruta con sus amigos de los columpios.

Como siempre, la hora de vuelta a casa era la más triste del viaje. Tanto Helena como los Jupiterianos justo antes de que dieran las 14:00h comenzaban a tirarse de las largas barbas y las mujeres no paraban de abrir y cerrar esos enormes ojos. Y es que, en Júpiter no sabían llorar. Por mucho que lo intentaran nada salía de sus ojos. Así es que cada uno había tomado una forma para expresar el llanto. Los hombres tirándose de la barba, que tal vez fuera la razón por la que son tan largas, y las mujeres abriendo sus ojos como si a un monstruo hubieran visto. Por el contrario Helena, como humana que era, soltaba lágrimas por sus lindos ojos. También intentaba consolarlos diciendo, ¡no os preocupéis chicos, cuando el Sol se ponga 7 veces estaré de vuelta!

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