Venus … belleza y colaboración

¿Ya habéis decidido cuál es vuestro ganador? Seguro que sí, y cada uno de vosotros tiene una muy buena razón para ello. Pero siento deciros, que la decisión era los habitantes de Urano. La decisión fue por mayoría, el ganador sería, El Universo en Castillos.

 

Pero ya era Viernes, y Helena tenía un nuevo viaje lleno de aventuras esperándola.  Este día debía elegir una mujer con relevancia en la historia, daba igual que fuera pintora, que música que escritora. Y es que en Venus, solo habitaban mujeres y niñas. Todas ellas con largas cabelleras de los colores del fuego, rojo, amarillo y naranja, Eran muy altas y esbeltas. Cuando caminaban parecían flotar por encima del suelo. Era impresionante verlas moverse.

Como imagino ya sabréis, Venus es el segundo planeta más cercano al sol, ¿recordáis detrás del cuál? Sí, efectivamente. Pero igual que pasaba en Mercurio, el Sol no quemaba, daba mucha luz pero no se sentía el calor que sentimos en verano en la Tierra.

Este Viernes, Helena había elegido ir de Wang Zhenyi, famosa astrónoma china que estudio los eclipses lunares. Pero por el planeta podías ver a todo tipo de mujeres famosas, sin duda la más repetida era su diosa Venus. A la que veneraban y este día era una ofrenda hacia ella. Todas las habitantes del planeta, junto con su invitada, tenía que realizar una última prueba como testimonio de su amor a Venus. Tenían que demostrar su fuerza y colaboración. Se dividían en grupos y debían llevar ofrendas a la Diosa, Venus. Cuanto más grande fueran las ofrendas mejor, y cuánto más difíciles de cazar fueran también.

La  plaza del pueblo estaba llena, y en cuestión de segundos, nadie había allí. Cada grupo había tirado camino del monte en busca de buenas ofrendas para Venus. Era un trabajo colaborativo, todas tenían que ayudarse y organizarse para conseguir cazar las mejores presas, los animales más listos del planeta y que se escondían en los más oscuros agujeros. Hablamos sin duda de los, “frodositos”. Pequeñas criaturas de muchos colores, que contaban con la habilidad de cambiar de color como si de un camaleón se tratara. El grupo que más “frodositos” cazara, sin matarlos claro, sería el ganador. Era un pequeño juego en el que todo ser vivo del planeta tomaba parte.

Sonó el timbre del fin de la caza. Todos los grupos se volvieron a juntar en la plaza mayor con sus presas. Se podían ver reflejos multicolores en las ventanas del ayuntamiento, y es que los pequeños “frodositos” cuando se ponían nerviosos se iluminaban como si de luciérnagas se tratara.  Finalmente, se hacía un recuento y se designaba a un grupo ganador que tendría el privilegio de poder subir a ver a la Diosa cuando quisiera, durante el próximo mes, hasta que volvieron a hacer una ofrenda a Venus.

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