Neptuno, mundo marino

Neptuno vía @lispeth_ Fuente: wikimedia

Neptuno vía @lispeth_ Fuente: wikimedia

 

 

Pues ya llegamos al último día de la semana, y su último viaje estelar. Aunque, creo recordar que os prometí contaros donde iba Helena el día de su cumpleaños, pero eso mis amigos, será otro día.

Hoy es Domingo, y a Helena le toca su visita al territorio marino, Neptuno. Y es como ya sabéis, o si no os cuento yo, Neptuno era el dios romano  de las aguas y mares. Así es que ahora quiero que todos cerréis los ojos, y penséis como creéis que es Neptuno. ¿Podéis imaginarlo? Seguro que si, y si queréis hacer un dibujo de cómo es para vosotros el planeta en el que Helena pasa los domingos,  estaremos encantadas de compartirlo con todos vosotros.

Neptuno, mundo marino vía @lispeth_ - Fuente: wikiimedia

Neptuno, mundo marino vía @lispeth_ – Fuente: wikiimedia

 

¿Ya habéis imaginado? Pues ahora os cuento cómo era aquello. Sin duda, era uno de los planetas que más sorprendían a Helena. La primera vez que viajó hasta allí, nada más llegar, en el aeropuerto intergaláctico debía dejar toda su ropa y  le proporcionaban la ropa necesaria para pasar el día en Neptuno. Un mono de neopreno para el agua. Lo cierto es, que la primera que vez que Helena llegó, le dio un poco de miedo. Pues a la salida del aeropuerto solo podías ver agua y más agua. El aeropuerto era una pequeña isla en medio de un inmenso mar de aguas azules. ¿Cómo podría salir de allí? No veía Góndolas como las que sus padres le habían contado en su viaje a Venecia, ni tampoco podía observar ningún tipo de barco que le llevara a otra isla, es más, no podía ver más islas.  En la orilla del mar, frente a la salida del aeropuerto había un personaje un tanto peculiar. Aunque a primera vista, pareciera un humano, cuando te ibas acercando podías ver que en los lados de su cara, tenía unas extrañas rajas, y algo más sorprendente aun, ¡no tenía nariz!. El ser comenzó a acercarse a ella, y la saludó con la mano, desde lejos, como si fueran conocidos de toda la vida. Se presentó, su nombre era Atún, y había sido enviado para ir a recogerla. Helena no pudo evitarlo, y le preguntó … ¿Qué son esas líneas a ambos lados de tu cara? Atún, sonrió y le dijo, ¿tú sabes como respiran los peces bajo el agua? Helena sonrió, lo había aprendido el año pasado en el cole, y dijo claro, con agallas. Efectivamente Helena, dijo Atún, nuestro planeta esta bajo esta gran macha azul que ves, y para poder vivir allí necesitamos agallas.

Un escalofrío invadió el cuerpo de Helena, mientras con miedo preguntaba ¿Y cómo puedo visitarlo yo? Yo tengo pulmones, no agallas, y no podré aguantar tanto tiempo bajo el agua.  Atún entonces, sacó de su bolsillo una especie de pinza creada de coral, era similar a las que los nadadores profesionales usan. Mientras se lo daba le dijo, siempre que tengas eso puesto, tus pulmones funcionaran en el agua y podrás pasar todo el tiempo que desees bajo la misma.

Y eso hicieron, Helena se puso el artilugio que le había dado Atún y saltó tras él al agua. Fueron buceando hasta el fondo, por el camino encontraron todo tipo de animales marinos, algunos conocidos para Helena, pero otros completamente nuevos. De hecho, cada vez que viajaba hasta allí, descubría un nuevo animal. Su último descubrimiento, y sin duda su preferido, fue el de una pequeña criatura que vivía en todos los jardines del reino. Su comida preferida eran los corales, y su boca era como un gran pico que todo trituraba, mientras el cuerpo era de medusa. ¿Pero sabéis lo mejor de esta criatura? Que le encantaba ser acariciada, y  siempre estaba deseando jugar con Helena.

En cada viaje a Neptuno, Helena realizaba excursiones para seguir descubriendo ese planeta que tanto le gustaba y atraía. Tenía la esperanza de encontrar una sirena. Pero eso ya es otra historia, que tal vez algún día os contemos.

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