Luna, globos y regalos

 Luna, lunera cascabelera

¿Recordáis que en el primer capítulo de este cuento os hablaba de que Helena, reservaba su día favorito para visitar su lugar favorito en el Universo? Pues por fin ha llegado ese día, en el que Helena, se pone sus primeras galas y se dirige a … ¿lo sabéis? ¡Claro que sí! Se dirige a la Luna.

Hasta el día de hoy, nuestra pequeña trotamundos, o tal vez sería mejor trotaplanetas, ha ido a todos estos: Júpiter y sus columpios; Desayuno en Marte; Mercurio y sus disfraces; Urano y sus castillos; Venus y su belleza; Saturno y sus anillos, y por último, en Neptuno. ¿Menudos viajes, eh?

Pero os teníamos guardado el más impresionante para lo último, y es que mis pequeños amigos, este cuento llega a su fin, pero si os ha gustado, vendrán nuevas historias que ayuden a nuestra imaginación a estar activa.

Cumple lunar #LosViajesdeHelena vía @lispeth_

El cumple de Helena, era un día muy especial. Ya se que todos estáis pensando, que vuestro cumple también es un día especial, pero el de nuestra querida Helena, tenía algo que lo hacía más especial de lo normal. Bueno, en realidad, tenía varias cosas que lo hacían diferente. La primera, es que Helena nació el 29 de Febrero, por lo que este será el segundo cumpleaños real de su vida, ¿podéis imaginar lo que es cumplir años solo cada cuatro años? ¡Qué locura! Y es que, como imagino que ya sabréis, cada 4 años, la tierra nos da un regalo: un día extra para disfrutar.

Dejando de lado la particularidad del 29 de febrero, el cumple de nuestra protagonista era especial, porque viajaba hasta La Luna, ni más ni menos. Y así, como en el resto de planteas pasaban cosas extraordinarias, el viaje a la luna no podía ser menos.

Cumple lunar #LosViajesdeHelena vía @lispeth_

Para esta aventura, Helena tenía guardado un traje muy especial, que su abuelita le había hecho. El traje era todo plateado, con un gorro del mismo color y unos grandes zancos, que evidentemente, también eran plateados. En la cara, tenía que pintarse unas pequeñas marcas que los nativos de la luna, o lunáticos, tenían tatuados. Esas marcas tenían un significado, y como las de un caparazón de tortuga, nunca había dos iguales.

En su primera visita a la Luna, Helena era muy pequeña, y ese fue el día que decidieron como serían sus marcas faciales: una estrella en la frente, que significaba la creatividad que existía en ella. En la nariz, una linea a lo largo del tabique, que significaba la sabiduría de Helena y finalmente, en la comisura de los labios, una sonrisa, que significaba la felicidad que Helena siempre llevaba consigo.

Era ya casi la hora de salir para La Luna, y Helena estaba preparándose en su dormitorio, intentando hacer el menor ruido posible para que sus padres no la escucharan. Traje puesto, gorro puesto, maquillaje preparado… solo le quedaban los zancos. Pero tras mucho pensar, llegó a la conclusión de que lo mejor era ponerse las zapatillas de estar en casa para el viaje, y una vez en la luna, ponerse los zancos. En resumen, ¡ya estaba lista!

Helena estaba nerviosa, hacía tanto que había estado en la luna que no recordaba todo con mucha claridad. Con toda su ropa, y su bolsita con los zancos, se tumbó en la cama y se preparó a dormir, pues solo así conseguía viajar a la luna.

De pronto, empezó a escuchar voces que hablaban de ella, y notó un gran fogonazo de luz. Al abrir los ojos, allí estaban todos los lunáticos con sus plateados trajes y sus altos zancos. Como ya hemos dicho, cada uno llevaba unas marcas especiales en la cara: espirales, huellas de pezuñas, soles, y muchos más diseños que no podríais ni imaginar.

Al incorporarse, todo el mundo se quedó en silencio. Helena no sabía que hacer, pero entonces vio que a su lado había un pequeño ente, parecido a una mota de polvo pero con ojos y boca. De pronto, al verlo, recordó su primer viaje a la Luna, en el que ese pequeño ser le guió y le fue explicando todo. Era su antiguo amigo, “Shishin”. Entonces, el pequeño cuerpo de Helena sintió una gran paz interior y ya no tenía nervios dentro. Todo fluía, no tenía ni que pensar que era lo siguiente que iba a hacer, parecía que los zancos, que no recordaba ni haberes puesto, supieran el camino que debía seguir.

La fiesta, era muy similar a la de cumpleaños que celebramos en La Tierra, regalos, globos, tarta y mucha mucha diversión.

Y es que Helena, era muy afortunada, pues tenía dos fiestas de cumple: una terrestre y una lunática. Pero la fiesta fue llegando a su fin, y fue entonces cuando Helena, comenzó a sentir en su corazón una sensación nueva para ella, la de tristeza. Solo podía pensar en que tendrían que pasar otros cuatro años para poder volver a la Luna y ver a su amigo “Shishin”. ¿Por qué no podía venir todas las semanas como hacía con el resto de planetas? La respuesta a esta pregunta, nunca la supo. Eso sí, cada 4 años viajaba a la Luna y disfrutaba de la compañía de sus amigos y de los regalos y canciones que le cantaban.

Cumple lunar #LosViajesdeHelena vía @lispeth_

¿Os ha gustado el final? Si no es así, la solución es fácil… ¡escribid vuestros propios finales! Podéis enviarlo por correo a lispeth@gmail.com o bien dejarlos en los comentarios. Tal vez entre todos, hagamos un final sin fin.

Luna, globos y regalos - TheSmartCat #LosViajesdeHelena

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